Crónicas de Machu Picchu

silvana

Otoño 2016

Para mi viajar no sólo es comprar un billete de avión, hacer maletas, tener una lista de los lugares que visitar, reservar una cena en un restaurante de renombre, comprar un souvenir, caminar por las calles de una ciudad. También creo que existen otras formas de viajar en la que descubres, experimentas, creces, cambias, compartes, trasciendes… a este viaje yo le llamo viaje interior.

Entonces…

Llega el día… 180 días esperando el momento de estar volando a unos 35,000 pies de altura y escribir aquí… Escribir todas las ideas que pasan por mi mente, unas pasan tan rápido que a veces no recuerdo el plan que tenía para esa idea.

Pero lo tengo claro, si quieres conseguir algo debes luchar por ello, dejando que las cosas fluyan, siempre pensando que sí se puede, no dejando que el negativismo trunque tus deseos, tus ideas, no dejar que te trunque a ti… somos mucho más que eso.

Me siento asustada por ir a lo desconocido, aunque creo que creo que es algo bueno, esa emoción de conocer algo nuevo siempre trae cosas buenas. Es incertidumbre en el nivel sano de la mente.

Disfrutar, disfrutar… a eso voy. A fluir con el camino, a fluir con el viento y las montañas. A disfrutar cada uno de los instantes que estaré ahí. ¡Qué ilusión!

Esa piedra que agarraré al principio del camino la cargaré hasta llegar al punto más alto de la montaña y representará todo lo que quiero soltar, todo lo que quiero dejar atrás.

Creo que cuando te atreves a salir de tu zona de confort y explorar lo desconocido, empiezas a liberar tu verdadero potencial humano.

Crecer es aprender a decir adiós. No es un “hasta luego”, o un “ nos veremos pronto. Sino un adiós con punto final.

Cuando crecemos, decimos adiós a muchas cosas. A personas, a momentos, situaciones, lugares…y cuando somos capaces de hacerlo, conseguimos una mayor claridad en la vida. En dónde estamos y hacia dónde queremos ir.

Porque entendemos que en este mundo todo es pasajero y para madurar tenemos que dejar atrás todas aquellas cosas que nos impiden avanzar.

No nos encasillemos con historias que ya son parte del pasado, cuando hay mucho que disfrutar del presente… hay que también saber esperar el futuro con sabiduría, paciencia y esperanza.

31 de octubre de 2016

De repente sólo se que es tiempo de empezar algo nuevo y confiar en la “chispa” del momento.

Sin estar abrazada a la civilización, decido “huir”… y camino sola por la tierra para perderme en la naturaleza.

Tanta felicidad, tantos pensamientos y sentimientos que no sé como empezar a poner letras en estas páginas que son mis cómplices de recuerdos, experiencias, lágrimas, risas y sentimientos. Los “golpes de luz” que me han hecho abrir los ojos para seguir hacia delante para vivir de verdad.

Escribo para recordar lo que me ha hecho sentirme feliz, tan feliz que me siento enorme ante la vida pero al mismo tiempo diminuta ante el universo y la naturaleza.

Desde el momento que llegamos a Cusco sentí una energía especial, una energía que nace de la aceptación y del deseo de estar haciendo lo que uno quiere hacer. Qué energía tan especial… la siento. Quizás eso es lo que me provoca tantos sentimientos encontrados, que no quiero perder esto nunca, estar así siempre.

Entonces, recuerdo el día anterior de partir a esa montaña que me enamoró. Mucha emoción, incertidumbre y miedo, pero feliz siempre feliz, con nuevos aprendizajes, nuevas metas, una mente más abierta …

Desde el primer paso todo lo que estaba a mi alrededor era espectacular. Incluyendo a la gente de “El Perú”, siempre con una sonrisa , dispuestos a servir y hacer este viaje cada vez más especial.

A ahí vamos, todavía esa montaña se veía a lo lejos, tiempo necesario para sentir que estaba ahí tratando de hacer consciente cada momento del camino.

silvana

Pachamama ( quiere decir Madre naturaleza en Quechua) nos regaló un día de lluvia. Una vez más pude experimentar y disfrutar al máximo la lluvia caer sobre mí, escuchar cómo las gotas caen sobre los árboles haciendo una melodía única, que sólo la lluvia puede hacer… ese olor, a tierra mojada. ¡ Qué sensación!… aquí es cuando empiezo a llenar de energía mi cuerpo, empiezo a hacer más consciente cada parte de mí, sobretodo mis piernas y pies; ellos me llevarían a mi destino final. Camino y tomo conciencia de mis zonas de apoyo en el suelo, es decir, las plantas de los pies y del balanceo de mis brazos al caminar. Dejo sentir mi cuerpo en pie, siento la fuerza de la gravedad y cómo se contrapone a la fuerza que viene de la tierra, y siento la fuerza de mis pies y de mis piernas. Siento mi postura vertical, el equilibrio y desequilibrio que se da en mi verticalidad en movimiento. Siento la diferencia entre mi interior con el exterior. Cierro los ojos, respiro profundo, doy un paso y exhalo…

Quise hacer esto así de consciente, sintiendo cada momento, sintiendo por completo que soy yo, éste es mi camino, no se que vaya a pasar pero en el aquí y ahora soy yo la que decido cómo vivirlo y caminarlo.  Y me viene otro pensamiento de tantos: creo que la muerte es lo que le da sentido a la vida, porque sin ella no hay necesidad de aprovechar el presente que es lo único que existe.  Así que fue así como quise hacerlo: quitarle instantes al tiempo y disfrutar.

Después de caminar unas dos horas bajo la lluvia llegamos al primer campamento en donde dormiríamos para subir a esa montaña llena de magia. Pero ¿Qué crees?  No recordaba que ese mismo día iríamos a la laguna, la había visto en fotos, no imaginaba que fuera así, claro que pensé que las fotos no eran completamente reales.

La primera comida, Rafa el cocinero, una persona humilde, noble, con carisma, con mucha disposición, con unas manos mágicas para que el alimento que cocinaría con su mejor vibra nos diera energía interna. A simple vista podías darte cuenta de que lo que hacía lo hacía con el corazón para los demás. Todavía siento en mi paladar esos sabores únicos, la combinación del comino, con el orégano, perejil, ajo, cilantro; la textura suave de la quinua con la tempera exacta de una sopa hecha para aliviar el cansancio, recuperar fuerzas, quitar el frío y hacer el momento especial.

Subida a la laguna, primer reto, subir para adecuarte a la altura del lugar. Aquí empecé a dudar ¿Podré? Una parte de mí sintió que me estaba traicionando, pero otra parte sintió que me decía: esto lo has estado esperando todo este tiempo, ya estás aquí, tu fuerza interior es mayor a lo que tú crees, así que deja de dudar y ve.

Así fue, miré hacia arriba y me puse en marcha recordando en todos los propósitos antes pensados para este viaje. Claro, cargando siempre la piedra que escogí al principio del camino.

1,2,3,4,5 pasos. Siento que me falta el aire, y me digo a mi misma : “¡Sí puedes! Claro que puedes, recuerda los caminos difíciles, en donde hay subidas interminables, en donde lo único que quieres es llegar. Pero para llegar hay un aprendizaje a lo largo del camino, disfruta cada paso, cada soplo del viento, a las personas que pasan junto a ti, el paisaje, el olor, el sonido del agua pasar entre las piedras del río… disfruta el aquí y ahora, medita cada momento haciéndolo tuyo para toda la vida.”

Seguí… hasta llegar a un lugar en donde había una montón de piedras, caminé un poco y ahí estaba, la laguna de Humantay… ¡Gracias a la vida por permitirme disfrutar un lugar como éste!.

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Me senté en una piedra e inmediatamente me quité los zapatos para meter los pies y sentir, sentir, sentir el agua y hacer el momento todavía más presente. ¿A qué nunca han sentido sentido el agua?

Casi me congelo los pies, pero esa sensación me hizo sentir con certeza que ahí estaba.

silvana

Bajé de la laguna con muchos pensamientos, todos revolucionando mi mente, por momentos sin creer que hubiera algo tan espectacular en el universo… y no sabía lo que me esperaba esa noche.

Uno de los cielos más espectaculares que he visto. Me quitó el aliento ver  esa cantidad de estrellas adornándolo, haciendo un contraste único con las montañas cubiertas de nieve. ¡Qué regalos me da  la vida, qué afortunada soy!

1 de Noviembre 2016

Good morning, Coca tea! ¿Cómo olvidarlo?, la sensación del frío y el cansancio al despertar, pero al mismo tiempo con ánimo y una energía especial. El particular sabor al té de Coca, que sí lo tomo me transporto.

Hoy llegaríamos a la cumbre de Salkantay. Gran reto para mí, era la primera vez que subiría caminando a esa altura. Mi mente se preparaba para afrontar el reto, con ánimo, armonía, mentalizándome a disfrutar cada uno de los momentos de la subida. Y: ¡Cómo la disfruté!

Después de años intrincados busco llegar a la “aventura final” y la más importante. La culminante batalla para desaparecer al falso ser interno y concluir con victoria la revolución espiritual.

silvana

Llevaba mi piedra, poniéndole nombre y sentido a todos esos sentimientos, emociones y sensaciones que iré dejando durante la subida y una vez llegado soltarlos por completo y para siempre.

Observo y me observo y una vez más me viene este pensamiento a la mente: ¿Todo esto ha estado aquí? ¿En dónde he estado yo? Me reafirma lo pequeños que somos ante el universo, lo grande que es Dios.

silvana

Subida, subida, subida y más subida. ¿Qué es esto? ¿Podré? Muchas veces llegaron pensamientos de desesperanza a mi mente, pero ¡No! Aquí estaba, lo que había deseado durante meses. Esto lo hice como un ejercicio de la vida diaria. Muchas veces este tipo de pensamientos de desesperanza nos abruman en adversidades, pero aquí es donde tú y tu mente hacen su trabajo. Recordar hasta dónde has llegado, lo que has atravesado, convencerte de que eres capaz de lograr lo que te propones. En fin, dicho coloquialmente sería “echarte porras”. Pensamientos positivos traen resultados positivos. “Sí puedes, anda sigue”. Me repetía constantemente hasta que el pensamiento desapareció y la marcha empezó a fluir por sí sola, sin ningún malestar en mi cuerpo. Esa subida…

Mi amiga con la que compartí nueces y almendras…

Llegamos a un punto de descanso antes de seguir con la subida empinada e interminable.

Me encontré a una niña de unos 13 años, esperando a que alguien le comprara algo de Textil Andino. Ahora que lo pienso no se porque no compré algo. Tal vez en mi mente y mi cuerpo estaban enfocados en sentir y vivir cada momento de ese lugar. Respirar el aire frío, sentir el viento helado, tan frío que sentías como las orejas se congelaban inmediatamente, el color de las montañas, el contraste que hacían con el azul del cielo, el sonido del agua bajar por el río de la montaña, el olor a campo, el silencio de la naturaleza, que no es silencio pero sí es… yo me entiendo. ¡Qué paz!

Recuerdo perfectamente la mirada de la niña, una mirada amable, noble, inocente… ojalá todos los días pudiéramos encontrarnos con miradas como la de ella. Una parte de mi se quería quedar ahí platicando y seguir compartiendo almendras, pero tenía que seguir, me despedí de ella dándole un buen abrazo, esos que realmente se sienten.

1,2,3 pasos, sentía cómo los pulmones se cerraban, falta de aire. Una sensación rara, entre más caminaba esta sensación se hacía notar cada vez más. Pero ahí iba, haciendo lo que más me gusta: caminar, sentir, observar, imaginar, soñar, desear, ver, vivir… así que el camino fue dócil, noble , con la misma energía desde el principio pero cada vez más intensa.

Estaba a punto de llegar a la zona de descanso “largo” (20 minutos para 6 horas de caminata), que se agradecen y se disfrutan como si fueran horas. Antes de llegar a este descanso vi una piedra que me llamó, simplemente me llamó. Era una piedra grande y lisa así que decidí acostarme en ella, con los brazos abiertos y las palmas de mis manos hacia arriba (el significado de mis manos en esta posición es para recibir todo lo bueno de ese lugar y momento).

Silencio de la naturaleza , respirando aire frío, aire puro que alimenta el alma, siento cómo recobro vida haciendo consciente mi respiración. Siento cada una de mis vértebras, mis brazos, mi cabeza, mis piernas y mi cuello hacer contacto con la piedra fría, veo como pasan las nubes lentamente haciendo un movimiento armonioso. Estoy en el aquí y ahora, en este momento especial, haciéndolo un enorme recuerdo de estar completamente aquí.

Le pido a Dios y a la vida que me den la gracia de estar abierta de mente y corazón para ver lo bueno, recibir lo bueno y siempre, siempre agradecer por lo que me rodea.

Nunca olvidaré este momento tan increíble de conexión hacia mi y a la naturaleza. ¡Fue increíble…!

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Tenía que empezar a caminar otra vez. ¿Qué sentiría en el momento de llegar a la meta? Estaba emocionada, ya me sentía grande por estar ahí.

El último tramo lo sentí ameno, podía ver más gente que al principio. Todos caminando hacia la misma dirección. Yo digo que todos buscamos y caminamos hacia la autotrascendencia, a encontrarnos internamente. Éramos extraños destinados a conocernos para vivir momentos y aventuras únicas mientras nos descubrimos y exploramos el mundo, amigos de esos que son para siempre, ahora nos llamamos familia…

Sigo caminando, a un ritmo más pausado, mis pulmones me lo exigían. Unos ya habían llegado, los podía ver a lo lejos, ya quería estar ahí y empecé a ponerme algo ansiosa pero por algo mi mente me detuvo y me dije a misma: “ cada uno tiene su ritmo, disfruta, reflexiona, el propósito es llegar y ya estás en camino”.

¡Llegué por fin! Brincaba de emoción, daba gracias interminables, se me saltaron un poco las lágrimas de la emoción. Los de alrededor seguramente pensaron que la altura me había enloquecido pero era MI momento, mi esfuerzo, un camino representado con sentimientos y significados especiales y ahí estaba en el lugar soñado e imaginado durante meses.

Decidí tomarme algunas fotos para el recuerdo, después aproveché para buscar un rinconcito para acomodarme y disfrutar la montaña, el esfuerzo y el momento.

Después, llega uno de los momentos más difíciles del viaje. Lo había estado negando y bloqueando en mi mente porque sabía que iba a ser difícil  así que inconscientemente dejé de pensar en él y preocuparme cuando el momento llegara.

La bajada de la montaña… a ver que pasa, pensé.

Empecé a bajar a buen ritmo platicando y riendo de cosas insignificantes. Platiqué con unos señores Españoles que llevaban 30 años haciendo rutas de senderismo por el mundo. Me quedó claro, cuando sea grande quiero ser como ellos.

De repente  mi ritmo empezó a bajar, me empezó a costar más trabajo avanzar, claro, la rodilla me empezó a doler. Mi mente se abrumaba por minutos y pensaba: ¿ Cómo me está pasando esto al bajar? ¡Si ya llegué hasta arriba, llegué a la meta que esperaba! Fue como una caía en plena escalada. Había mucha frustración en mis pensamientos. Quiero, realmente quiero avanzar bien, concentrarme en el camino, en lo que hay, pero ya no era mi mente lo que lo impedía, sino mi propio cuerpo. Tropezaba una y otra vez con las piedras del camino.

Me detuve, me senté en una piedra y catarsis de verdad. Lloré y lloré durante un buen rato hasta que dije: “Hasta aquí, ya me dejé sentir frustración, ya me enojé conmigo misma sin razón, ¿Ahora qué vas a hacer?” No me podía quedar sentada eternamente en esa piedra.

“Tirar pa´lante, sí puedes”. Pensé en los momentos más difíciles de mi vida como si fueran las piedras con las que tropezaba, había salido adelante así que aquí también. No me quedaré esperando a que alguien venga a rescatarme, si no lo hago yo por mi, nadie más lo va a hacer. Me sirvió ponerle un sentido a ese camino difícil y empedrado. Al final lo logré, lento pero lo logré.

Me queda claro que cada ser humano tiene sus propios tiempos para aprender lo que la vida nos quiere enseñar. Hay que aceptar con humildad cada uno de nuestros límites. Siempre con la cabeza en alto, tratando de dar con el corazón lo mejor de nosotros, exprimir hasta la última gota de nuestra capacidad.

Finalmente llegué al lugar de la comida, un poco abrumada por el difícil camino que acababa de recorrer.

Ahora a seguir, a disfrutar y compartir  la experiencia de subida de las demás personas en el grupo. Unos caminando, otros a caballo, ellos dijeron que disfrutaron mucho el paisaje, pudieron percibirlos sin tener la distracción de cansancio.

Me gusta y me propuse escuchar de verdad, hacer sus experiencias e historias como si también fueras mías. Esto podría decir que es el verdadero significado de compartir.

Después de comer caminamos unas cuatro horas más. De estar en un microclima frío con pocas plantas pasamos a un valle cálido, húmedo lleno de plantas de infinidad de tonalidades de verde. Habíamos llegado a la selva. Me sentí protagonista de una película de exploración; me gustó ese papel, pienso volverlo realidad en mi realidad.

silvana

Llegamos al campamento agotadas, a mi en particular me dolían los pies exageradamente. Me quité la botas… ¡Qué sensación de alivio! ¡Mis pies! Aquí es cuando agradezco los detalles mínimos de la vida, que mis pies pudieran llevarme a mi destino, la sensación de placer del descanso al quitarme los zapatos. Agradezco esto, las sonrisas de las personas que me rodeaban en ese momento, el clima, el paisaje, la comida, el baño de ese día, los momentos a solas, las pláticas, la cerveza (Cusqueña, deliciosa) , agradezco por el día, por estar aquí… Mi vida no es perfecta pero estoy TAN agradecida por todo lo que tengo.

Este día concluyó con grandeza y con gloria. Al principio quería un final perfecto, pero ahora lo entiendo; reaprendí que a veces el camino es duro, que muchas veces los poemas no riman, que algunas historias no tienen un principio o final tan claro. La vida es aprender constantemente, no siempre es saber, estar abierto al cambio, tomar los momentos y hacer lo mejor de ellos sin saber qué pasará después. Todo esto es el impulso para hacer todo increíblemente interesante.

Buenas noches, estoy completamente feliz y en paz. Me siento yo, sólo yo y me gusta.

2 de noviembre de 2016

Pasé buena noche, no se si era el cansancio pero dormí perfectamente bien.

Desayuné pan con mantequilla y mermelada, amanecí con mucha hambre, creo que nunca había comido tantos panes en un desayuno. ¡Qué ricos estaban!

Empecé a caminar alrededor de las 6:30 am. Sentí como si fueran las 12 de día del calor que hacía. Ya nada de eso importaba, naturalmente me adapté sin pensarlo. Había otras cosas con más significado por las cuales que preocuparme.

Caminamos rodeando un río, me encanta el sonido del agua, sentía que fluía con él. Disfruté mucho ese trayecto. Había infinidad de plantas diferentes, flores con mucho colorido adornando el camino para nosotros, mariposas de múltiples colores volando por todos lados.

Hicimos una parada de descanso “largo” en una cascada, claro, me urgía descansar y quitarme las botas y meter los pies al río. Así que lo hice, me dio una sensación como si la sangre recorriera mis venas a mil por hora. ¡Qué delicia de descanso!

silvana

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Seguí en marcha hasta llegar a las esperadas aguas termales para después tener todos una pequeña reunión con una fogata y el famoso Inca Tequila… Que a todos nos tumbó.

silvana

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3 de noviembre de 2016

Hoy fue difícil levantarnos, entre el cansancio y uno que otro shot de Inca Tequila mezclado con cerveza no hacían la mejor combinación, aunque la noche anterior lo pasamos muy bien. Todos conectados, disfrutando el lugar, las estrellas, platicando, bailando, brindando por el momento.

Día de la tirolesa. La verdad es que le tengo pavor a las alturas, pocas personas lo saben. Yo, sin hablar, estaba muy nerviosa. A parte había amanecido con una cantidad incontable de piquetes de mosco.

Llegamos al lugar de la tirolesa, nos explicaron las medidas de seguridad en las que no puse atención por los nervios. ¿Qué iba a hacer?

El miedo me aceleró y decidí ser la primera, conté hasta tres y sin pensarlo salté. Claro que al principio únicamente salían malas palabras de mi boca, todas las que no he dicho durante toda mi vida. Y de repente siento una libertad indescriptible. Ver el paisaje desde otra perspectiva, desde lo alto, con los brazos abiertos. ¡Wow estoy volando! Me doy cuenta el valor que tiene ver las cosas desde otro punto, salir de nosotros mismos nos puede sorprender.

Llegué al otro lado de la montaña llena de adrenalina, feliz, queriéndome aventar una vez más de cabeza, de panza, acostada… fue interesante ver el mundo de cabeza, me gustaría volverlo a hacer.

silvana

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Ahora había que caminar  de Hidroeléctrica a Aguascalientes, pueblo en el que todos las personas descansan antes de llegar al destino final. Machu Picchu…

Hoy me voy a dormir feliz, pensando en mis capacidades, en mis límites, feliz por vencer el miedo y pienso: “si no intentas nunca sabrás qué habrá sido hacerlo. Si no te gusta ya lo intentaste y ya tienes una experiencia más que contar.”

Mañana… la culminación del reto y una vez más siento nostalgia porque no quiero que esto se acabe nunca. Permanecer así siempre.

4 de noviembre de 2016

3:10 am, hora de levantarse. Hoy no había Coca tea, lo extrañé.

Había que estar en el punto de inspección de la subida a Machu Picchu antes de las 5:00 am, pero por la gran multitud de personas que se junta en este punto decidí llegar temprano.

Llega la hora se escucha cómo los guardias quitan los candados y las cadenas de las puertas. Mi corazón se acelera, demasiadas pulsaciones por minuto.

Empiezo a caminar, llego al punto de las escaleras interminables. Antes de subir quise detenerme  unos minutos y recordar quién soy, mis ofrecimientos, mi vocación, mi misión. Respiro profundo, subo un pie al escalón, siento cómo hace contacto con la tierra, hago fuerza con la pierna, siento cómo los músculos de mi muslo se contraen haciendo fuerza para impulsarme a subir, exhalo, abro los ojos y ¡aquí voy!.

Escalones infinitos y empinados. No veía para cuando terminaría de subir. ¡Ya quería llegar! Algo que me gustó mucho durante estos días y sobretodo en esta subida es que estás completamente consciente de tu respiración, ésta te va marcando la pauta de si detenerte o seguir. Es una forma de sentirse completamente vivo.

Mientras subía repasaba cada uno de los momentos vividos durante esta semana, agradeciendo en todo momento por ellos y por esto, por estar aquí, por lo aprendido, por lo que se quedó atrás en el camino, lo que ya no es mío.

¡Llegué! Qué felicidad!. Entré después de unos 20 minutos que nos sirvieron para recuperarme y prepararme para entrar a la meta final. ¡Por fin! Vi esa ciudad que tantas ganas tenía de conocer. Todavía recuerdo cuando pensaba: algún día… y aquí estoy.

El sentimiento era grandeza por estar ahí, por haber llegado, pero sobretodo por el camino recorrido.

Llegué feliz a la meta, pero no cabe duda que lo mejor surge mientras voy caminando.

Aquí concluye una experiencia más, un despertar y una reinvención más de mí y de mi interior. Y que se que tengo que seguir trabajando, pero no quiero apresurarme, hay que vivir un día a la vez.

Algunos días se que querré regresar el tiempo, no porque quiera cambiar algo sino para volver a sentir estos días dos veces…

¡Soy infinitamente feliz!

“Experience: that most brutal of teachers. But you learn, my God do you learn”.
Viernes 5 de noviembre de 2016, Machu Picchu Perú

 

  

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